Es muy probable que no aparezcan en la foto de tapa del diario, que no se les acerquen con un grabador o un micrófono, que no se los elija como figura. Probable y bastante lógico. Pero los equipos tienen su bambalina, el detrás de escena, y en ese submundo no siempre visibilizado, el utilero es actor “de reparto”: reparte pilchas, reparte accesorios secundarios, reparte abrazos, reparte contención.
Piazza y Alumni definirán mañana el Torneo Clausura y eso equivale a decir que Juan Bulant y Raúl Mujica juegan la final. EL TIEMPO los entrevistó en sus cotidianos lugares de trabajo, allí donde siempre hay un mate, una charla compinche, un lugar para escapar de la soledad. De alguna manera (tomando para afirmar esto las licencias del caso), los jugadores juegan porque antes jugaron ellos.
Fotos: Nacho Correa y Nicolás Murcia
Entrevistas: Silvio Randazzo
JUAN BULANT – SPORTIVO PIAZZA
“Tengo que ocuparme de que no falte nada”

Dice Juan Bulant que a partir del lunes dejará de ser utilero de Piazza por problemas de salud. Dice también que cuando lo anuncia, suele generar alarma e inquietudes sobre si posee alguna enfermedad, a lo cual responde: “Voy a dejar porque si no, mi mujer me va a matar. Y si me mata, es un problema de salud”. La humorada no es total: el posible rezongón de su esposa surgiría de la dedicación expansiva que este constructor de 57 años le ofrece al club que tanto quiere. En el vestuario local del Félix Piazza, Juan es un buen anfitrión de EL TIEMPO.
Hace cuentas Bulant y afirma que llegó a Piazza hace cinco años, en parte por pedido de uno de sus hijos, cuando Juan Sarasola era DT de la máxima categoría.
“Mi hijo menor es fanático de Piazza, desde chico lo sigue a todos lados. Con Jorge Aranza estábamos en la Fórmula Azul y cuando dijimos basta, Piazza no estaba en los primeros planos. Jorge no se convencía de volver, decía que lo que él había hecho lo había hecho en otra época. Hasta que un día me llama y me dice que lo habían consultado para volver a Piazza, que iba a haber asamblea. La idea era armar una subcomisión de fútbol, buscar el crecimiento futbolístico del club. Ahí empezó todo”. –¿Te incorporaste directamente como utilero?–A mí me gusta estar donde hay barullo, donde se cocina todo. Y si venía al fútbol, si bien hacía 15 ó 20 años que no pisaba una cancha azuleña, no quería estar sentado en la tribuna, quería estar en el vestuario. Jorge me dice “vas a ser el utilero. Es fácil”.
Cuando empecé el entrenador de Primera era Juan Sarasola. Después vino Valdez, a quien yo ya conocía, y después llegó Carlos (NdR: Hourcade), a quien conozco desde chico por el atletismo; practicamos atletismo juntos y juntos arrancamos en, esa época, en Sexta (que es como la Décima ahora). Jugamos en Sexta y en Quinta, él siguió y yo me desligué, comencé a correr.
–¿Cuáles serían los grandes mandamientos de un utilero?–Siempre me he preocupado porque el jugador tenga todo lo necesario; lo menos que le tenés que dar al jugador es una vestimenta digna, no considero que un jugador tenga que salir…que no tenga medias o que use una camiseta rota.
–¿Cómo trabajaste la relación, la confianza con el entrenador? Con Hourcade tenías un vínculo que pudo haberte ayudado, pero a Peralta no lo habías tratado. –Siempre considero que el vestuario es una cosa cerrada: lo que pasa en el vestuario, nace y muere en el vestuario. Eso lo tengo claro desde el primer día, simplemente soy un ayudante. Cuando el técnico necesita pecheras o distintos elementos para entrenar, tiene que estar todo, esa es mi función. Está claro que yo solo no ando en esto, hay otra gente que ayuda: Gustavo Porta, Fabián Luna, Marcelo Aranza. Muchas veces tenés compromisos, ya sean familiares o laborales, y no podes estar, entonces nos vamos reemplazando. Trabaja mucha gente, como la gente que lava la ropa, ya que muchas veces no la llevamos al lavadero y hay gente que lava todo.
–¿Qué labores plasmas como utilero durante la semana?–Llevar la ropa al lavadero e irlas a buscar, armar las bolsas de cada jugador en mi casa. El sábado ya tengo que buscar la bebida… la “Gatorade”, ponerlo al fresco para que esté bien el día del partido. Pero somos un equipo, porque cuando estamos muy sobrecargados de trabajo en la vida personal, aparece otra gente. El secreto de cómo se hace todo es ese: mucha gente trabajando.
“No sé si va a ser un domingo diferente” –Tenés unas cuantas finales como utilero. ¿Qué distingue este mano a mano con Alumni y cómo lo llevás?–Lo vivo de una manera muy especial. Estamos al mínimo detalle, que no falta nada a ninguno de los chicos. Después…es deporte, unos ganan y otros pierden. Lo vivo muy intensamente en Piazza, porque cuando vine me di cuenta que no era nada fácil mantener un club con un equipo de Primera competitivo como lo hizo Piazza.
El poder adquisitivo de la gente de Piazza no es el de equipos; muchas veces vos ves gente vendiendo una rifa de un chancho en la calle para juntar plata para los viajes, o vendiendo chorizos en el corso, desde las 4 de la tarde pelando las papas para poder vender papas fritas; vender la rifa e ir a cobrarla. Ser director de un colegio importante en Azul es fácil, lo que no es fácil es ser director de una escuela de las orillas o una rural.
–¿Cómo va a ser tu domingo?–Me acueste temprano o me acueste tarde el sábado, el domingo me levantaré a las 7. Haré algunos mandados, comeré algo temprano y tres horas del partido vamos a estar acá. Va a ver que ordenar cosas, instalar ventiladores, ver que la bebida esté fría, que no falte nada en el botiquín. Todas esas cositas que estamos acostumbrados. No sé si va a ser un domingo diferente, tal vez vaya a ser más emocionante.
–¿Hasta dónde llegan pedidos de los jugadores previo al partido?–Tengo que ocuparme de que no falte nada, quiero que luzcan de la mejor manera posible. Si te piden cinta de papel, si te piden de tela, todos los jugadores tienen sus mañas, las cábalas…cada uno tiene su lugar, o usar la misma ropa para venir a la cancha. Te piden las medias, que tengan las dos igualitas, las vamos renovando y a veces alguna queda más clarita que otra…
–¿Hay mucha coquetería?¡Sí, sí! Al jugador le gusta el mimo de que si te pide la cinta, vos estés al instante con eso, la tijera, lo que sea.
–¿Vos tenés cábalas, Juan?–No, no, yo no tengo.
“Tengo una fe bárbara” –Luego de cinco años, pareciera difícil no abastecerse de anécdotas en un vestuario. ¿Cuál se puede compartir en esta nota?–Me acuerdo de un jugador que era Sexta y debutó en Primera. Lo echaron en el primer tiempo. Cuando lo mandan al vestuario, yo lo acompañé, él lloraba de la bronca. Le digo: “No sos mejor ni peor porque te hayan expulsado. Acá hay que seguir, levantar la cabeza. Dentro de dos partidos vas a seguir jugando”. Tiempo después, en un recital, porque con los jugadores de Sexta hemos compartido algún recital de rock, yo le decía “¿te acordás cuando te echaron en el primer partido: el único que estaba para consolarte era yo?”. Me dijo: “No lo voy a olvidar, fuiste el único que estaba en ese momento para consolarme y alentarme”.
–El utilero suele ir ganándose un lugar muy especial en el plantel.–Me llevo bien con ellos. Además, soy del palo del rock, saben ellos que siempre voy a ver al Indio y a La Renga. Entonces siempre estamos en contacto y no siempre hablamos de fútbol.
–¿Y cuándo vamos a escuchar rock en un vestuario? –(Risas) En los vestuarios, generalmente no se escucha rock. Le meten cumbia, ellos son los que traen el equipo de música y es lo que les gusta. Muchas veces hemos viajado en mi auto y ahí han tenido que escuchar rock de ida y de vuelta (risas). ¡Esa es mi venganza!
–¿Con qué ánimo y junto a quiénes te imaginás compartiendo la tarde del domingo, a eso de las 19.20, 19.30 horas?–Tengo una fe bárbara que vamos a ganar. Pero esto es fútbol, no me produce ni mucha euforia ni mucha tristeza. Lo especial que sí tiene esta vez, es que si logramos el tricampeonato nosotros vamos a pasar a ser parte de la historia. Y si dentro de 20 años, no creo que yo esté, se habla del equipo de Piazza que logró el tricampeonato, mi hijo o mi nieto van a poder decir “mi viejo, o mi abuelo, fue parte de ese equipo”. Para mí, esto pasaría a ser mucho más grande de lo que fue el 85.
RAÚL MUJICA – ALUMNI AZULEÑO “Alumni es mi vida, mi pasión, mi casa”

“Acá están en su casa”. Raúl Román Mujica, “Ruly” para todos, deja el bastón a un lado y se enfila a preparar los mates para compartir con periodista y fotógrafo de este diario. La utilería, como todo el Emilio S. Puente, está en su cabeza, por lo que la retinitis pigmentosa que le disminuye la vista no termina de ser un obstáculo mayúsculo para que se desplace a ‘piacere’. “Puedo llegar a hacer un tratamiento con células madre, la medicina ha evolucionado mucho en eso”, dice el utilero de 54 años que tiene 44, según su estadística, de alumnista afiebrado.
Mujica dice que no se aguanta por estas horas, que la ansiedad por jugar otra final lo puede, y que espera con ansiedad supina poder arengar a los jugadores albinegros cuando estén a punto de pisar el Félix Piazza.
Ante EL TIEMPO, “Ruly” agradecerá a todos aquellos que, asegura, le ponen el hombre para que pueda andar sin bastón, una referencia que más allá de la metáfora, dice mucho del cariño que ha generado en Alumni. Mujica emerge del túnel junto con la Décima el sábado y 24 horas más tarde, hace lo propio con el plantel que dirige Mariani. Donde está Alumni, está “Ruly”.
–¿Cuándo comenzó a gestarse tu pertenencia con Alumni?–Yo vivía en la casa de mi abuela en Jujuy y Santa Fe y mi tío, Titino Carmona, jugaba en la Primera de Alumni, y yo lo acompañaba siempre. Empecé la escuelita de fútbol, con Farías y Marcovecchio, dos maestros. En el 73 empecé la escuelita en Alumni, tenía 10 años.
Alumni es mi vida, mi pasión, mi casa. Cuando ando mal por mi problema, como no quiero llorar delante de mi vieja, vengo y lloro acá en la utilería o en el vestuario, que no se entere nadie. Alumni fue mi bastón. Todos los chicos, de Décima a Séptima y la Sexta y la Primera, me contienen y respetan mi enfermedad. A mí el que me trajo para trabajar en las inferiores, que yo digo que es el último formador que tenemos en el fútbol, es una persona a quien quiero mucho, es Ruben Camozzi. También quiero destacar a Santiago Mariani, un maestro, que luego que se vaya el director técnico anterior pidió que yo esté en su cuerpo técnico. Él con Fernando Scavuzzo, David Grimaldi, Elvio Colman, Ezequiel Cilano, toda gente maravillosa.
–¿Pasas mucho tiempo en el club?–Mucho tiempo. Voy a la 1 a Parque Chico, nos quedamos hasta las 4, después –si tenemos partidos acá– vengo para el estadio. Es lindo porque salís campeón, ver cómo progresan los chicos.
–Como utilero, ¿qué tareas desarrollás durante la semana? ¿Es distinta esta semana de cara a la final?–Voy a Parque Chico, de martes a jueves (esta semana entrenamos toda la semana allá), siempre me lleva alguien. Llevo las pelotas, llevo cuatro juegos de pecheras, todo lo que sea necesario para colaborar con el entrenamiento. Todos los sábados yo espero acá a los chicos, cuando hay partidos, les doy la ropa, los acompaño y, antes de entrar a la cancha, hago la arenga. Es mi pasión: les hablo de la vida, de las drogas, del sexo para que se cuiden, de la importancia del estudio. Les digo que tengo la universidad de la calle, ahí aprendés de todo y me puedo equivocar como cualquiera. Aprovecho la nota para pedir disculpas a la gente: por mi enfermedad a veces reacciono mal, soy muy getón, y he tenido problemas con personas muy queridas. No sirvo, no soy peluquero…viste que el peluquero habla de atrás, yo hablo de frente y me he equivocado mucho. Pido disculpas a toda la gente de Alumni.
–¿Cómo vivís vos una final?–Ya estoy nervioso, ya tengo mi misma ropa, soy muy cabulero, el plantel es cabulero. Yo lo vivo con ellos… (se emociona), agradezco que el plantel de Alumni me deje participar de esto, soy el que hace la arenga cuando me lo permite Santiago …soy feliz, soy uno más.
Tengo que destacar a una gran persona. Cuando la comisión se dio cuenta que por mi problema no podía, en ningún momento pensaron en sacarme de mi trabajo, yo soy un referente de Alumni. Lo trajeron a Ramón “Chiche” Areas. Él ya me venía a ayudar, y cuando me dijeron eso el presidente Ridao y el “Negro” Luna (un gran amigo, lo mejor que me ha dado el fútbol), me propusieron a “Chiche” y me pareció muy bien. Me ayuda un montón, es un veterano muy bueno.
“Me quedo en la camilla y escucho” –¿Qué hace el utilero cuando el vestuario se pone tenso o durante la charla técnica, que es quizá el momento de mayor atención?–Las cosas del vestuario quedan en el vestuario. Tengo la suerte de que todos los técnicos me han dejado estar. Me quedo en la camilla y escucho, o salgo y comienzo a preparar pelotas para el profe o el botiquín para el paramédico.
–Previo a la final, ¿qué momento es el de mayor inquietud?–Antes de que el equipo entre a la cancha, antes de dar la arenga. Tengo mucha adrenalina, me emociono, ver 16 tipos que…perdón (se vuelve a emocionar), ver 16 tipos y el cuerpo técnico que me estén escuchando a mí. No las preparo a las arengas, digo lo que siento, lo digo de corazón. El domingo me levanto temprano, voy a la iglesia evangélica y después ya voy a mi casa, me cambio y me vengo a la cancha. No puedo estar en mi casa, no almuerzo el domingo al mediodía.
–Teniendo en cuenta tu problema de visión, ¿cómo hacés para ir siguiendo el partido, cómo reconstruís cada instancia?–Linda pregunta. La radio es mi compañera, siempre. Pero, a veces, las imagino a las jugadas. Siempre sé hacia dónde ataca mi equipo y puedo imaginar, escucho los gritos del “Caballo”. Yo estoy sentado detrás del banco y acá en Alumni me siento en la puerta del vestuario, por si necesitan algo yo salgo enseguida. Voy dibujando el partido en mi cabeza.
–¿De las anécdotas lindas, las que pueden salir del vestuario, cuáles te han quedado?–Tengo muchas, con todos los jugadores. En este momento no me sale ninguna. El momento de la arenga es maravilloso. Yo les doy la cinta, la canillera, lo que necesiten.
–¿Son muy coquetos los jugadores?–¡Sí! El más coqueto es Agustín Pomphile, que hasta se pone crema en el pelo (risas). Le pusimos Costacurta. Esas son las cosas lindas. Todos los chicos tienen una onda espectacular y nunca se pierden de hacerme una broma, pero con respeto siempre. Y ya que estoy agradeciendo, quiero saludar a un hincha de Athletic que quiero destacar: Jorge “Tano” Ferrarello. Me lleva a Buenos Aires, me acompaña al médico. Quiero destacar a todos los que me han acompañado, aprovechar esta nota: Ramiro Lotito, Oscar Almeyda y su esposa, Juan Peralta, todos tipos que ponen su vehículo. Y tengo un agradecimiento eterno a mi mamá, María Esther, “Mamita” como yo le digo.
–¿Haciendo qué cosa te imaginás el domingo que viene, a las 19.30 horas? –Con toda la felicidad del mundo, llorando y abrazándome con todos los jugadores de Alumni.